diumenge, 6 de novembre de 2011

El auge del líder en el proceso electoral

En otros países con sistemas presidencialistas como Francia y Estados Unidos tiene lógica que se haya evolucionado hacia el personalismo. Sin embargo, en otros sistemas como el español donde el poder está mucho más repartido no debería ser tan importante la figura del líder como la propuesta de cada partido. Pero no es así. Los presidentes que han gobernado España han sido líderes carismáticos que han arrastrado a masas de votantes alrededor de su persona. Adolfo Suárez, Felipe González, José M. Aznar, José Luís Rodríguez Zapatero. La prueba de este personalismo creciente está en que el partido se ha apoyado tanto el líder, que cuando éste se ha retirado el partido no ha soportado electoralmente el cambio. Así, UCD no volvió a tener representación destacada tras la marcha de Suárez, Joaquín Almunia obtuvo un pobre resultado cuando sustituyó a González al frente del PSOE y el PP perdió el gobierno cuando se retiró Aznar.

Los partidos políticos son conscientes de la importancia de la personalidad del líder para ganar las elecciones. No se trata de una persona que está en la cima de la pirámide representando simplemente a un partido y a la gent que está detrás, sino que en ocasiones parece que el líder es el tronco del árbol sobre el que se vertebra el partido. Si no se tuviera esta sensación, no se crearía tanto nerviosismo cuando el líder decide no presentarse. Lo vivimos hace unos meses con la decisión de Zapatero de no presentarse como candidato en las elecciones generales.

En otros países el personalismo es aún más acentuado. Obama en Estados Unidos o Sarkozy en Francia serán algunos ejemplos. También es destacable el personalismo exacerbado de Berlusconi en Italia. De hecho, todo el mundo conoce a Il Cavaliere pero casi nadie podría decir a qué partido político pertenece.




Como ejemplo actual cercano, podríamos remitirnos a la presente campaña electoral de las elecciones generales donde podemos asistir a los debates televisivos de los partidos donde siempre acude el líder. O en los carteles electorales donde no se muestran las ideas del partido o su programa, sino que se hace incidencia en el líder.


Otro ejemplo de como la figura del líder adquiere más importancia que el partido o que el mensaje ideológico del partido por ejemplo lo descubrí en el cartel electoral de las pasadas Elecciones Municipales en Cornellá donde sólo podíamos ver el apellido del alcalde y un slogan que podía identificarse con cualquier partido. Para saber a qué partido pertenecía había que agudizar la vista.

1 comentari:

  1. de hecho, en las anteriores elecciones, lo único que importaba era la figura de los líderes políticos de PP y PSOE, Rajoy y Zapatero respectivamente. Se pudo comprobar, por ejemplo, en el hecho que el PP lanzó propaganda electoral ridiculizando al líder de la oposición poniendo un dedo sobre la ceja. Y lo único que se hizo fue hacer incapié en la imagen del político.

    Y es cierto que, cuando un político deja el cargo, ese partido pierde identidad. Por ejemplo, el PP. Todavía muchos tienen a Aznar como la figura principal del partido.

    Pásate por mi blog! La política está presente ;)
    lastardesdelcafe.blogspot.com


    L.

    ResponElimina