dimecres, 9 de novembre de 2011

Mis impresiones sobre el debate de política de las elecciones generales

En un primer momento me negué a ver el debate del lunes entre los dos candidatos a las Elecciones Generales de los dos partidos con más votos en las últimas elecciones. Primero porque me resulta soberanamente aburrido escuchar los discursos políticos carentes de sinceridad y autenticidad, donde sólo aprovecho para lanzar mis consignas y mensajes fijados, especialmente aquellos mensajes más mayoritarios para captar un mayor abanico electoral, lo que acaba provocando que los discursos sean muy parecidos. O sea un monólogo, que no hace ninguna gracia. En segundo lugar, porque precisamente por eso, nada de lo que dijera ninguno de los dos candidatos va a cambiar mi intención de voto. Y estoy segura, que como yo hay muchas personas. Por lo que sigo sin ver la utilidad de esos debates.

En tercer lugar, me indignaba el bipartidismo, el ninguneo, la exclusión, el desprecio por el resto de fuerzas políticas. Me parece injusto que sólo se de espacio, en la televisión pública, a dos partidos, oponiéndonos a todas las normas democráticas en este país y contribuyendo a consolidar el bipartidismo que es lo que los dos partidos mayoritarios quieren. Me acuerdo entonces de haber leído algunos textos de Machado criticando la alternancia pactada en el poder de Liberales y Conservadores allá por el siglo XIX. Los partidos con menos votos (o a veces con muchos votos pero cuya ley electoral no favorece que tengan más escaños de los que les corresponderían) son usurpados de su derecho a poder expresarse delante del público. Como comentaba una persona muy cercana en twitter esa noche “ahora sabéis como nos sentimos los seguidores de equipos como el Español, el Zaragoza o la Real Sociedad cuando vemos los deportes”.

Seguramente y en la mayoría de lugares de España el voto está cada vez más dividido en dos partidos, perdiéndose los matices que creo que hacen rica nuestra sociedad. Sin embargo en Catalunya, el voto y la sensibilidad de la población está dividida en diversas opciones. Hasta 7 partidos están representados hoy en el Parlamento catalán. Y algunos más se quedaron a las puertas. Y es que en los últimos años se han presentado nuevas propuestas y nuevos partidos, de diversa ideología, que han conseguido movilizar a una parte del electorado. En las ciudades y pueblos de Catalunya el arco iris es igual de diverso. Y por lo tanto, en los debates televisivos, en las entrevistas en periodo electoral, todos los partidos tienen su derecho a aparición, mal pese a los periodistas de los medios públicos. En los debates televisivos participan todos los grupos con representación. El contenido, por lo tanto, resulta así mucho más rico e interesante.

La semana pasada organizamos un debate de política en la Facultat d’Educació Social i Treball Social de la Fundació Pere Tarrés con los estudiantes, donde estuvieron representados los 5 partidos que tuvieron escaños por Catalunya en el Congreso de los Diputados. Y todos tuvieron su tiempo, su espacio, su oportunidad de dirigirse a los asistentes. Fue un debate intenso, plural, rico, apasionante. Donde los políticos respondieron con entrega a las preguntas e inquisiciones del público y de los internautas en directo. Un verdadero ejercicio de democracia y de participación.

Pues este es precisamente el cuarto motivo por el que no quería ver el debate del lunes. Porque al contrario que este debate que organizamos con políticos y estudiantes, en el de la televisión no hubo debate, preguntas, inquisiciones. Sólo dos personas lanzando su discurso alternativamente. Y con un periodista que en vez de cumplir su función de inquirir, cuestionar, demandar, se limitaba a dar el turno. Esa no es la función de los periodistas, esto no es un debate. Es un espacio público, pagado entre todos, al servicio de la propaganda de dos partidos. En otros países por ejemplo ese debate con todos los candidatos se realiza frente a periodistas que preguntan. Incluso en algún país, frente a periodistas de diferente sensibilidad y de diferentes cadenas televisivas, para garantizar la pluralidad de las preguntas.

Y sin embargo, pese a todos mis reparos, acabé asistiendo al debate. Y me encantó. Me encantó seguir el debate, pero a través de Twitter. Las aportaciones, opiniones, comentarios, análisis de los twitteros fueron lo mejor de la noche. Todos convertidos en improvisados humoristas, analistas políticos, expertos en imagen y oratoria, en política. Y era admirable comprobar el espíritu crítico, el humor, el interés, lo informados que estaban los participantes en este debate paralelo, mucho más rico e interesante. Ante el panorama político y económico de las próximas elecciones, la mejor noticia es que serán las primeras elecciones generales que viviré con Twitter.

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